Entrevista a Matthew Bennett

Matthew Bennett es un británico que se ha abierto camino en España como periodista independiente, gracias al apoyo de sus mecenas vía Patreon. Supimos de él durante la crisis política de Cataluña de finales de 2017, mientras sacaba adelante The Spain Report. En aquel entonces, logró llamar la atención con su trabajo porque hacía las preguntas que otros medios no querían hacer y se molestaba lo que otros con las prisas del periodismo on-line olvidaban: confirmar o desmentir las noticias que circulaban por las redes sociales llamando a las instituciones o personas implicadas. Creemos que el trabajo de Matthew Bennet marca un camino para el periodismo del futuro, donde la desintermediación digital conecta a los periodistas con su público y les permite vivir gracias a sus aportaciones periódicas. Por eso hemos querido entrevistarle.

Adriana Vázquez.

Para introducir a los lectores que no sepan quién es Matthew Bennett, lo primero es preguntarte cómo fue que te interesaste por España y terminaste quedándote en el país. Y cómo, a pesar, de no haber sido estudiante de periodismo has terminado dedicándote a ello.

Llegué por primera vez a España en junio de 1998 para hacer de monitor en un campamento de verano que llevaba un cura, el padre Javier, en Cervera de Pisuerga. Aventura total. Apenas hablaba español. Me enchufó una novia que tenía en Manchester. Ella era de Valladolid y hacía su Erasmus allí. Luego, me fui a Francia: seis meses en Nantes. Y volví para hacer un Erasmus en Murcia. Terminé la carrera, pasé un par de inviernos en Suecia y Rusia, entre una aventura y otra. Pero tenía claro más o menos desde el principio que quería volver a España. Luego la vida se va haciendo, pasan los años—ya van 20 desde aquel verano—los amigos, las novias, los trabajos, los negocios, y ahora tengo un hijo, Hugo, que es español.

Lo del periodismo me sale, no sé, un algo con las palabras y la verdad. No puedo evitarlo. Gané un pequeño concurso nacional de relato corto publicitario (sobre inmigración y refugiados) patrocinado por The Guardian en el último año de la carrera. Luego el primer trabajo que me ofrecieron, nada más terminar, fue de escritor de textos en una agencia de publicidad potente en Estocolmo. Pero yo, ingenuo, joven y romántico, no quería dedicar mi don, si es que tenía alguno, a los sucios intereses corporativos. Tenía que ser el periodismo y España. Cosas de la vida.

Luego, las reacciones son muy interesantes para conocernos, incluidas las propias. En el 2003, trabajando ya de periodista en Madrid, estuve en un accidente de tren potente en Tobarra (Albacete). Murieron dos señoras. El tren se partió en dos, justo detrás de mi asiento. Por los pelos. Un vagón entero de gente mezclado con los escombros, gritando, sangrando y todo el tema. «Dantesco», como siempre dicen en esas noticias. Pues mi reacción, al día siguiente, era sentarme a escribir la crónica, y eso se convirtió en el primer artículo que me publicaron en español en La Opinión de Murcia.

Otra cosa bien distinta es aprender a vivir de una pasión, a pagar el alquiler con ella. A los 10 años del accidente creé The Spain Report y la primera noticia potente, a las dos o tres semanas de empezar, fue otro accidente de tren…el Alvia en Angrois.

Creo que muchas personas te pusimos en nuestro radar con el «Procés«. Había algo novedoso en lo que haces. Le llevas la contraria a los medios, negando la veracidad de titulares porque te has preocupado en confirmar un dato con el protagonista de la noticia.  ¿Cuál crees que es la causa de ese tipo de errores en los medios? ¿En qué otras situaciones has sentido que llegabas más o hacías mejor trabajo que los medios «tradicionales»?

Desde que puse The Spain Report, efectivamente había gente que pensaba que era muy innovador como manera de contar lo ocurrente en España fuera al mundo. Me sorprendió. Llamaron incluso Miguel Carvajal y José Alberto García de la Universidad Miguel Hernández en Elche para que diera alguna clase a sus alumnos en el Máster de Innovación en Periodismo que imparten. Y Juan Antonio Giner me invitó a dirigir su informe «Innovation in News Media«, que organiza cada año para WAN-IFRA, la asociación mundial de periódicos, durante tres años. Pude aprender de las experiencias, logros y errores de muchos proyectos alrededor del mundo, desde muy pequeños hasta muy grandes.

El año pasado con la crisis separatista fue otro nivel. Había muchas mentiras y propaganda, el entorno mediático y de redes sociales era una parte del conflicto. Hay que plantarse y hacer lo que uno hace, que en mi caso es periodismo, buscar y buscar confirmar la verdad, hablando con quién haga falta para hacerlo, y luego explicarlo con cierta urgencia. Aún hay lectores que valoran ese ejercicio, que quieren saber lo que está pasando realmente en su mundo. No todo son bandazos partidistas.

Me sorprende mucho, sin embargo, que en los grandes medios a menudo no mola eso, y que hagan tan mal su trabajo, cuando se supone que tienen décadas o siglos de experiencia colectiva y recursos más que suficientes. Tampoco es tan difícil coger un momento el teléfono, presentarse con educación y hacer cuatro preguntas precisas que aclaran lo que está pasando. Que sea a una señora sollozando a las tres de la mañana tras un accidente o a la portavoz del tribunal alemán dónde estaba Puigdemont, o incluso a Moncloa o Zarzuela directamente. No pasa nada por preguntar.

Fíjate en cómo has formulado la pregunta: «Le llevas la contraria a los medios, negando la veracidad de titulares porque te has preocupado en confirmar un dato con el protagonista de la noticia». Eso significa que esos medios no están publicando noticias en esos momentos, porque no han confirmado ellos sus propios titulares, y no se han molestado en hablar con las fuentes relevantes. Publican mentiras, o fake news, o propaganda, y los lectores no son tontos. Cada vez que hacen eso, pierden lectores y pierden la confianza de esos lectores. Ellos sabrán.

En junio anunciaste el cierre de The Spain Report. En la despedida decías  que era «el vehículo equivocado para este viaje». ¿Qué lecciones aprendiste de aquella aventura, tratando de sacar adelante un medio de comunicación on-line?

El viaje, la aventura, es el periodismo, que es la búsqueda de la verdad. Que luego seas redactor o jefe en un medio tradicional, con un sueldo, o autónomo haciendo piezas para varios, o pongas tú un capital y mucho esfuerzo para crear algo propio, estamos todos en ese mismo viaje, en teoría, aunque parece que a algunos con el paso de los años se les olvida, y luego hay mucha gente adjunta que no busca la verdad sino marearnos más.

Así que, sí, The Spain Report era un vehículo que monté yo para participar en esa aventura, pero al final me comía el tiempo todo el lado empresarial (contabilidad, estructura jurídica, etc.) y técnico. Llegué a crear toda la página de cero, la parte noticias y la parte suscripciones, basado en algo que se llama Ruby on Rails. Que un vehículo al final no funcione no significa que no exista el viaje, que uno no tenga ganas de seguir con la aventura.

A nivel lecciones, a nivel empresarial hay que centrarse en dos cosas: producto y ventas. Producto y ventas, producto y ventas. Repítelo. Todo lo demás es secundario. Los periodistas que trabajan en los medios grandes no tienen que ensuciarse con el tema comercial, pueden permitirse el lujo de estar por encima de ello, o de presumir de intelectuales, pero al final si sus medios no venden—y muchos venden cada vez menos—no comerán. Es un error porque sí hay lectores que aún valoran, que están dispuestos a pagar, con dinero que les ha costado mucho ganar, por información veraz y análisis bueno. Y están encantados de decírtelo.

Ahora la novedad es que estás empleando con éxito la plataforma Patreon. ¿Qué te hizo apostar por esa fórmula? ¿Y qué crees qué ha pasado ahora para que el público se implique?

Otro vehículo, y uno que en teoría permitía generar caja cuanto antes, que era el último, el único, problema que quedaba con The Spain Report. No lo conocía de nada, pero un lector, Joe Haslam, que también es profesor en el IE Business School, me lo comentó. Aún llevo poco tiempo usándolo, desde este verano. Tendré que reflexionar sobre por qué funciona tan bien cuando pasen los meses.

Comparado con lo que había creado para The Spain Report, hay algunos aspectos técnicos (el diseño de la página, el proceso de compra) que son distintos, además del enfoque (apoyo y aventura compartida vs. suscripciones transaccionales), ambos parte el aspecto ventas. Pero aún es pronto para llegar a conclusiones. El estilo de periodismo también es un poco distinto, más parecido a lo que era The Spain Report al principio: me va a permitir viajar más y hacer más crónicas y entrevistas (el aspecto producto). Lo de los submarinos en Cartagena y luego la inmigración y Salvamento Marítimo en Algeciras ya son prueba de ello.

Has pedido a tus lectores que se imaginen una España donde hubiera muchos periodistas independientes trabajando gracias a lectores que gastan su dinero en apoyar su trabajo. ¿Qué crees que aportaría al periodismo ese modelo?

Que serían independientes. Se dice mucho pero es un valor, algo que la vida en algún momento pone a prueba, y luego tienes que decidir si realmente la valoras o no. Podrían investigar y describir lo que quisieran, sin ningún tipo de presión política ni corporativa. Ni siquiera de su propio medio (lo cual no quiere decir que los medios grandes no tengan su papel). Los lectores pagarían, o dejarían de pagar, a cada uno según la calidad de su trabajo y los temas que eligieran. Todos ganaríamos. Y los periodistas tendrían que aprender a escribir artículos, o producir vídeos o audio o fotos, de mucha calidad, relacionados con los intereses verdaderos de sus lectores, porque si no, no venderán y no comerán.

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