Las entrañas precarias de la economía digital

En la actualidad se ha convertido en algo cotidiano tener acceso en casa a una enorme oferta de entretenimiento mediante Internet, recibir en un intervalo de tiempo muy corto las compras on-line o recibir la cena gracias a un repartidor en bicicleta Son servicios que se han convertido en algo tan básico y cotidiano, como los vuelos de bajo coste y la ropa barata, que los usuarios y consumidores no llegan a cuestionarse acerca de las condiciones de trabajo que existe detrás de estas actividades protagonizadas por grandes empresas que se presentan como innovadoras y disruptivas.

Durante este año 2018 que acaba, vimos como los trabajadores de numerosas compañías líderes en los sectores de las telecomunicaciones, el reparto a domicilio, el comercio electrónico o los viajes baratos fueron a la huelga sacando a la luz las condiciones de trabajo agobiantes en las que se han de cumplir objetivos muy exigentes y la precariedad de contratos temporales que se van encadenando o se camuflan bajo la figura del falso autónomo.

La compañía Amazon logra cumplir su promesa de entregar paquetes el mismo día de la compra en grandes ciudades como Madrid gracias al trabajo en condiciones muy estresantes de sus empleados de los centros logísticos. Un investigador infiltrado descubrió que los trabajadores de un almacén de Amazon en el Reino Unido habían adoptado por costumbre orinar en botellas de plástico para no afectar a sus estadísticas de productividad con las pausas para ir al baño. Aquí en España, los trabajadores del centro logístico más grande Amazon fueron varias veces a la huelga, coincidiendo la tercera vez con el Black Friday.

Otro caso relevante informativamente hablando en 2018 fue el de las empresas de reparto de comida y recados a domicilio. Originalmente, este tipo de servicios ofrecía la oportunidad a sus trabajadores de ganar ocasionalmente un dinero extra en lo que se conoce como “gig economy”, un modelo de flexibilización laboral que en el que plataformas on-line y aplicaciones de móvil hacen de intermediarios entre el cliente final y el trabajador. El modelo fue creado pensando originalmente en la realización de pequeños trabajos y tareas, como mudanzas o reparaciones. Sin embargo, lo que debía ser una simple ocupación temporal y ocasional, se convirtió, en el contexto de desempleo provocado por la crisis, en un trabajo de dedicación exclusiva.

Las calles de las grandes ciudades se han llenado de repartidores en bicicleta a los que las empresas designan con nombres que suenan frescos y atractivas mientras que la realidad es que se tratan de falsos trabajadores autónomos sometidos a las condiciones cambiantes establecidas por la empresa y desprovistos de cobertura en caso de accidente. Así que este año los trabajadores de Glovo se pusieron de acuerdo para rechazar trabajar en una fecha establecida y lograron que la empresa mejorara las condiciones. Además, recientemente, la Inspección de Trabajo en Valencia concluyó que sus 200 trabajadores eran falsos autónomos, dándoles de alta como trabajadores por cuenta ajena y demandando a la empresa las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. Igualmente, los trabajadores de Deliveroo fueron reconocidos como falsos autónomos en una sentencia.

Otro gigante de un sector tan popular como los vuelos baratos, la aerolínea irlandesa Ryanair, vivió un conflicto laboral este año. Sus trabajadores españoles fueron a la huelga en julio pidiendo, entre otras cosas, que se les aplique la legislación laboral española y que la empresa dejara la práctica de contratar a través de varias filiales dedicadas al trabajo temporal, con condiciones diferentes cada una. Fueron a la huelga también los trabajadores de Italia, Bélgica y Portugal. El conflicto concluyó en aquel entonces con un acuerdo que ahora los trabajadores de Ryanair dicen que la empresa no ha cumplido y anuncian una nueva campaña de huelga el próximo mes de enero.

También reciente es la campaña de movilizaciones en Barcelona de los trabajadores de la empresa Cotronic, una de las muchas contratas dedicada a la instalación de líneas y al mantenimiento de la infraestructura de Movistar. Las contratas mantienen una gran competencia entre sí para ganar las adjudicaciones de la multinacional española, lo que genera una espiral descendiente de rebajas de condiciones laborales. A los trabajadores se les pide más y más productividad, mientras se extiende la figura del falso autónomo.

Los trabajadores de las empresas contratistas de Movistar ya vivieron un año intenso de lucha durante la llamada “Revolución de las Escaleras” en 2015.  Precisamente, el incumplimiento de los acuerdos logrados en aquel entonces es lo que ha llevado a los trabajadores de Cotronic de vuelta a la lucha, protestando estos días frente al Movistar Centre de Plaza de Catalunya en Barcelona. Los trabajadores de las contratan señalan a Movistar porque es plenamente consciente de cómo su presión a las contratas para que ajusten costes repercute en las condiciones de trabajo.

Vemos que todos estos casos comparten que las grandes empresas apuestan por la reducción de su masa de trabajadores para externalizar en filiales, otras empresas y falsos autónomos, creando una espiral de subcontratación que conlleva, en la mayor parte de los casos, una precarización de los empleos.

Otro fenómeno recurrente es que los trabajadores de estas empresas con modelos de negocio propios de la economía digital no se sienten respaldados por los grandes sindicatos tradicionales, con su mentalidad y su burocracia de la era industrial. Por ese motivo, los trabajadores se ven empujados a crear organizaciones de nuevo cuño, como vimos este año con el caso de las limpiadoras de hotel (“las kellys”). La gran batalla es hacer entender al consumidor final que el coste reducido de los servicios de la era digital se logra con el sudor de la frente de muchas personas trabajando en condiciones duras y precarias.

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