La obligación moral de defender la minoría. Entrevista a David Yabo.

David Yabo pertenece a una comunidad, la judía, que es una minoría muy pequeña en España pero que según los estudios de opinión es objeto de prejuicios. Podríamos decir que España es un país donde existen los prejuicios antisemitas aunque el español medio rara vez haya coincidido en su puesto de trabajo o centro de estudios con alguien identificado abiertamente como judío. Pero además, David Yabo, que se define como «judío conservador e israelí liberal», es un español que ha residido en Israel, país siempre en primera línea de la agenda internacional y objeto de polémicas informativas. Y en esa condición, de persona que conecta dos mundos, mantiene una activismo que se prodiga en Internet.

David Yabo combate en Internet los prejuicios contra Israel, del que afirma que «no es un país perfecto ni mucho menos un lugar donde mana leche y miel» pero que sin embargo está «a años luz de las acusaciones de apartheid o de estado terrorista». Pero además, según él, la paz es posible, atendiendo a la experiencia histórica de la paz firmada por Israel con Egipto y Jordania. Y apoyaría que esa paz negociada con la Autoridad Nacional Palestina llegara aplicando la solución de «dos pueblos, dos Estados» y el intercambio de territorios.

Varios temas  han puesto a Israel recientemente en el centro de la polémica en España y Europa. Y hemos querido conocer la opinión de alguien con una importante trayectoria de activismo y que ha vivido una realidad cotidiana, la de Israel, no tan conocida en España. 

Eres muy activo en la red social Twitter, respondiendo y comentando desde artículos en medios de comunicación a tuits que traten sobre Israel o el pueblo judío y que consideras equivocados o reprobables. ¿Cómo surgió esa vocación de activista en las redes sociales?

Cuando se meten contigo, con tu pareja, tu familia… o tu país, la primera reacción es defenderte de esos ataques. En redes sociales los ataques contra judíos, el judaísmo o el Estado del pueblo judío son constantes, y requiere la necesidad de neutralizar la propaganda y el activismo con datos y argumentos. No se trata de tener vocación sino más bien una obligación moral.

Recientemente hubo nuevamente una polémica en España en torno a Israel durante la gala de entrega de los premios Goya. Fue premiado el documental «Gaza» de Julio Pérez del Campo y Carlos Bover. El primero habló en su discurso de «apartheid israelí» y pidió «Israel en Eurovisión no». Calificaste su intervención como «discurso del odio». ¿Cómo se lo explicarías a alguien que sólo conoce por los medios que hay gente sufriendo en Gaza?

Es un discurso de odio porque llama “terrorismo” al sionismo, un movimiento legítimo que reivindica el derecha, como cualquier pueblo, del pueblo judío al autogobierno. ¡El señor Pérez del Campo nos está llamando terroristas por un derecho recogido en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos!

Es incuestionable el sufrimiento de la población gazatí. La responsabilidad recae exclusivamente en Hamás que es quien gobierna la Franja de Gaza desde 2005. La supresión de derechos civiles en favor de la sharía o ley islámica, la persecución de la oposición -la casi guerra civil de 2005-2006 entre facciones de Hamás y Fatah-, la ejecución de desertores, la utilización de civiles como escudos humanos, el reclutamiento de niños soldado y una larga lista de crímenes hacen que ese enclave costero haya recibido una puntuación de 11 sobre 100 en el el informe Freedom In The World 2019.

El 30 de junio de 2014 Hamás inició un ataque indiscriminado con misiles contra población civil israelí incrementándose durante toda una semana, misiles cuyo rango de alcance llegaba hasta Tel Aviv. Fue en ese momento cuando Israel dio comienzo a la operación Tzuk Eitan [conocida en España como «Margen Protector»] que se prolongó durante cincuenta días para detener el continuo ataque con misiles. El cortometraje ganador del Goya no refleja esto, y en su lugar ofrece un libelo antisemita donde sus protagonistas gazatíes, que no tienen queja alguna contra su gobierno, acusan -en árabe- de todos los males al “yahud”, judío, y no al israelí o al ejército israelí como así reflejan los subtítulos, una manera clara de blanquear el tufo judeófobo de este corto. Esa sobreactuación hollywoodiense, o en este caso pallywoodiense, coge aún más fuerza cuando el realizador de este libelo acusa a Israel de apartheid.

No existe apartheid en Israel, y la prueba está en que cualquier ciudadano sea judío o árabe puede presentarse a las elecciones para ser primer ministro, o ser elegido diputado. Las últimas elecciones (2015) la tercera fuerza más votada fue la Lista Conjunta, una coalición de partidos árabes y el partido comunista. Médicos árabes operan a pacientes judíos, y médicos judíos atienden a pacientes árabes, también Israel cuenta con miembros árabes que imparten justicia a todos los ciudadanos por igual. Fue el juez árabe George Karra quien envió a prisión al ex presidente de Israel Moshé Katzav, y el árabe, Salim Joubran, del Tribunal Supremo, el que envió a prisión al ex primer ministro Ehud Ólmert.

El festival Eurovisión se ha convertido en un evento de especial significado para la comunidad LGBT europea y en una fiesta de la diversidad. La final tendrá lugar este año en Tel Aviv, una ciudad que proyecta al mundo una imagen que encarna esos valores de Eurovisión. ¿Qué opinión te merecen los llamamientos a boicotear el festival?

Todo, absolutamente todo lo que haga Israel va a ser malo y en el tema LGBT no iba a ser diferente. No importa si los gays podemos vivir en libertad y gozar de unos derechos impensables a 20 kilómetros al este de Tel Aviv, lo llamarán “pinkwashing”. No importa que las únicas ongs LGBT palestinas se encuentren en soberanía israelí, continuarán llamándolo “pinkwashing”. Pueden boicotear lo que les plazca, Israel seguirá a la vanguardia de los derechos LGBT no solo de Oriente Medio, sino de todo el continente asiático (además de Corea del Sur).

Mi pregunta a todos los LGBT que han decidido boicotear a Israel, ¿qué habéis hecho para facilitar la existencia de los miles de personas LGBT palestinas en Ramallah, Jericó, Nablus o Gaza, si aún queda alguna con vida? Pedir el boicot a Israel no va a salvarles.

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