La mirada orientalista: reseña de «Pasamontañas, hiyabs y capitalismo baboso»

Antipersona es un proyecto editorial impulsado por Layla Martínez y Diego Volia. Hace tiempo fueron entrevistados por Tetuán Combativo. Entonces dijeron que sus libros “buscan los márgenes, lo que está más allá de las líneas de lo socialmente respetable”. Y también que les había movido a lanzar Antipersona el echar de menos “el rollo macarra y punk” que los fanzines han perdido. Pero la actitud punk con la que nación Antipersona no impide que tengamos en las manos libros en formato fanzine con una edición bastante cuidada. Casi diríamos, que es su seña de identidad.

Pasamontañas, hiyabs y capitalismo baboso: La imagen de las mujeres en la guerra de Layla Martínez arranca con la explosión en 2014 en medios de comunicación y redes sociales de imágenes de milicianas kurdas en el norte de Siria. ¿Súbito interés occidental por la Revolución de Rojava? No, solo fascinación por la imagen de chicas jóvenes combatientes. Así se llegó a titulares frívolos sobre Asia Ramazan Antar, la “Angelina Jolie kurda”.

Layla Martínez contrasta en esta obra la exaltación de la juventud y la belleza de las milicianas hecha por la prensa occidental con la imagen que se construye sobre las mujeres de otros lugares donde ellas toman las armas. Sin ir más lejos, el País Vasco. Recordemos el cliché “Las etarras son feas”: “Al ser parte de un grupo que debe ser odiado, las imágenes de las mujeres pertenecientes a ETA no pueden ser erotizadas” (pág. 23).

Cartel de un reciente acto solidario con el pueblo kurdo.

Layla Martínez reflexiona cómo la imagen de la mujer en Oriente Medio es presentada bajo el filtro colonial del Orientalismo. Por un lado tenemos las galerías de fotos de los medios sobre el conflicto en Rojava donde sólo aparecen chicas jóvenes y hermosas, cual casting de la industria audiovisual. Por otro lado, las mujeres de Oriente Medio aparecen bajo el velo, sujeto pasivo de las narrativas occidentales sobre opresión y sumisión en el mundo musulmán. En cualquier caso, a las mujeres se les relega a un papel secundario en la narrativa de los medios: cosificadas o sumisas. ¿Dónde están las mujeres kurdas de otras edades y las que no encajan con los cánones heteronormativos? ¿Cuál es su historia?

Concluye Layla Martínez que tenemos una responsabilidad como consumidores de medios que a su vez tenemos un papel activo en las redes sociales compartiendo noticias e imágenes. Pero me pregunto qué peso tiene en el fenómeno la sobrerrepresentación de hombres blancos heterosexuales entre la «tribu» de los reporteros de guerra.

Pasamontañas, hiyabs y capitalismo baboso concluye con unas recomendaciones para periodistas y editores:

• No elegir las fotografías en función de lo que se acerquen sus protagonistas a nuestros cánones de belleza.
• Evitar el fetichismo de la mujer armada.
• Primas las fotografías grupales sobre las individuales
• Seleccionar las imágenes en función de su interés informativo y no de su valor estético

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