Noche de Skype con un amigo italiano unos días atrás. Hacía tiempo que nosabíamos uno de otro y esto del encierro en casa tiene como daño colateralque encuentras tiempo para desempolvar amistades o gente quesimplemente conociste.

A lo mejor contacté a Mario, así se llama, por el solointento de compartir lo que yo estoy viviendo con otra persona que ya lo ha vivido o que lo sigue viviendo, …………, pero en un sitio diferente. Te entiendes bien con alguien cuya existencia es como una fotocopia adelantada de la tuya. Y digo fotocopia y digo adelantada porque eso fue lo que nos estuvimos contando el rato largo de conversación: “nos hemos intercambiado fotocopias”, nos reímos una de las veces en las que ya íbamos a colgar.

Esta mañana volví sobre eso. Me paré a pensar. La otra noche no intercambiamos fotocopias, o al menos no fotocopias idénticas. A Mario le sonaba conocido lo que yo le decía y él me estaba adelantando con unos días o semanas de anticipación lo que voy a vivir yo aquí. El adjetivo era la clave, más importante que el sustantivo. “Adelantadas” tiene más importancia que “Fotocopias”.¿Cuál era la fotocopia de Mario?

Me dijo que ya en Italia todos saben, aunque tampoco se habla mucho de ello, que los muertos han sido y están siendo más de los que se contabilizan como oficiales, me dijo que el personal sanitario está trabajando en peores condiciones de las que ya se denuncian y sobre todo me dijo que la gente tiene casi más miedo a lo queva a venir que a lo que está viviendo. Me dijo que no sabe nadie muy bien cuándo y cómo podrá acabar esto y cuánto tiempo les podrá durar la resignación.

Hace unos días no entendí a Mario cuando le pregunté. No entendí cómo se podía tener más miedo a una situación tras la epidemia que al momento de dejar de estar encerrado. Mario es de Catanzaro, sur de Italia, lo digo ahora. Esta parte del país, el sur, me dijo, no está siendo noticia porque los muertos de la epidemia están en el rico norte, “pero espera un tiempo Pablo, espera un tiempo”.

Esto es el sur pobre y aquí la gente tiene menos trabajo que allá arriba, me explicó Mario. Menos trabajo y muchos menos contratos de trabajo que allá arriba. Cuando la noticia en el norte sea que la situación económica es mala y nos digan unos números, aquí en el sur no habrá números oficiales pero la noticia fuerte será la pobreza. Los pobres del coronavirus. Y todo lo que venga con ello.

Es verdad. Los pobres del coronavirus. Han pasado unos días y ya casi lo tenemos aquí. El relato económico se está imponiendo al sanitario. El dolor de los que se van ya está en un mismo plano que el debate sobre las condiciones en que muchos de nosotros nos vamos a quedar. Da igual las mentiras que nos vayan contando; los chinos y sus cifras, los políticos y sus maniobras, la poca transparencia, las acusaciones, la falta de solidaridad oficial entre ricos y pobres a pesar de la solidaridad humana, cercana e inmediata, entre unos y otros. La angustia sobre un futuro económico negro, como me dijo Mario, le irá ganando espacio al miedo a la enfermedad presente.

Íbamos acabando nuestra conversación, ya nos habíamos casi despedido enun par de ocasiones y, como de pasada, Mario me concluyó con un “¿y en África Pablo?, ¿cómo podrá ser esto cuando el coronavirus llegue a África?,¿qué podrán esperar allí?”. Los pobres del coronavirus.

Pablo Fullard.